sábado, 30 de junio de 2012

Así se van nuestros amigos. Para Juan.


Se nos cae el alma,  golpea fuerte y se va, como el mar cuando recoge su espuma y borra de la arena nuestros pasos. Lo que no borra son los recuerdos de aquellas caminatas, ni los soles y lunas que se esconden tras él.

Así, un nombre pasa a formar parte de nuestros recuerdos y se acomoda en la profundidad de nuestros mares, y le abrazamos con fuerza, sin soltarlo. Y aunque la existencia es más que un cuerpo que guarda un alma, a veces hace falta aquél cuerpo para darle uno que otro beso y decirle con palabras cuánto le apreciamos. Ahora gritamos cuánta falta hace. Y sabemos que nos escucha y quizás contesta, pero contesta hacia dentro.

No nos queda más que sonreír un poco, y decir cuánto te queremos y cuánto extrañamos. Tu voz resuena en nosotros.

Hasta siempre, Juan.


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